El repicar de la alarma

Carente de sensibilidad y armonía a tempranas horas de la mañana el estruendo irrumpe los sueños para que enfrentemos la rutina. La caricia en el rostro, el olor a desayuno, la compañía de ese amanecer rara vez sostiene la mano de otro adulto más que de uno mismo.

Es la primera manifestación de una alarma que nos dirá que somos, nada mas ni nada menos, que dueños de nuestra propia vida. 

Al momento, no mucho más tarde, nos enfrentaremos al cimbronazo penetrante de sabernos adultos. Nos veremos sumergidos en una rutina que sentiremos ajena a nuestros ideales de pequeños y nos preguntaremos una y otra vez qué estamos haciendo. Muchas veces no encontraremos respuesta alguna, sabremos que hemos renunciado a muchas luchas por creerlas imposibles y abrazaremos los inesperados logros obtenidos en el camino. Nos hemos convertido en un manojo de constantes elecciones, buenas, malas pero por mucho que nos cueste, nunca impuestas. He mascullado horas y días analizando si donde hoy me encuentro es donde he elegido estar y a pesar de que mi trabajo es abismalmente diferente a mi pasión, la seguridad de saberme apta para él me ha respondido una y otra vez que ese medio, no es el fin y por ende aceptable para sobrevivir. Y con esto he llegado a una aceptación del entorno demográfico y social, que bien o mal, siempre elijo para mi.

Y por ultimo, la alarma que nos cuenta de la muerte. Últimamente pienso mucho en ella. No le temo ni la espero, pero suena de alguna manera más real y cercana. A veces parece susurrarme que algún día llegará y no quisiera encontrarme que en la adultez obtenida, en las elecciones vividas, en el día a día, no he aprovechado su ausencia para aprender sobre la vida. Para aprender de que estas alarmas no pueden posponerse, que no son meros ruidos, sino llamados a tomarse un respiro, a mirar y apreciar, el milagro de estar vivos. 

2 comentarios sobre “El repicar de la alarma

  1. Sos hermosa, y muy talentosa, pero por sobretodo tenes una hermosa mirada sobre la vida y sobre las personas. Iluminas cada cosa que miras porque tu mirada no es superficial.

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