Gotas al pasar

Un día llegás a tu casa y te encontrás con una pared llena de humedad, con un placard invadido de hongos, con un piso levantado.

Lo primero que te preguntás es: ¿en qué momento sucedió? Y entre preguntas y vueltas pensás que nunca viste un derrame de agua, ni siquiera una pérdida, que a lo sumo viste una gota

¿Cuántas veces subestimamos el poder una gota de agua? ¿Cuántas veces porqué no vemos las cosas a simple vista creemos que no hacen daño, qué no existen?

El sonido constante de una gota en completo silencio puede hacer enloquecer a alguien, la intermitente caída en una herida puede hacerla arder como si estuviera recién provocada, el golpe constante contra un material de casi cualquier naturaleza lo puede corroer, romper, modificar.

A veces cuando buscamos consolar a alguien, olvidamos que quizás está transitando por el camino de esa última gota que desató el desastre y sin poder ya digerirlo manifiesta la mancha, la rotura, el dolor, la locura.

Y a quienes nos toca consolar y acompañar a esa persona «rebalsada» nos cuesta mucho no decir banalidades como: «ya va a pasar», «no es tan grave» «de todo se aprende» porque en el fondo todos somos victimas y victimarios de esas palabras, pero al momento olvidamos que quizás no vimos a tiempo muchas cosas, señales, palabras que nos advertían de lo que estaba por venir, de que no era simplemente algo que sucedía, si no que era algo MAS!

Pero así como la gota daña y el tiempo acompaña, la gota nos da a la oportunidad de cambiar, porque del derrumbe que provoque no nos queda otra que volver a construir.

2 comentarios sobre “Gotas al pasar

Replica a cincoparacuatro Cancelar la respuesta