Si supiera que hoy me extinguiría en un último aliento, no saldría a explorar lo inexplorado. No accionaría en busca de algo que no he vivido si no más bien me detendría en todo lo bueno ya acontecido.
Tomaría mis mejores recuerdos y como una diapositiva digital crearía un sinfín de imágenes que me hagan sentir agradecida.
Vagaría por mi mente abrazando cada momento que, quitándome un suspiro, me llenaron de vida.
Recordaría con profunda gratitud mi niñez llena de juegos y amigos, con mañanas de tostadas francesas hechas por mi padre, con caricias en mi cabello de mi madre. Recordaría mi mirada de profunda admiración hacia mi hermana y esa sensación de que nunca se perdería. Recordaría la emoción de mi primer recorrido por nuestra casa en Merlo; los abrazos y charlas de mi abuela. Recordaría las risas, los buenos amores y la euforia de mi primer beso.
Abrazaría a cada persona que quizás sin saberlo mejoró mi vida, volvería a revivir la emoción que me trajeron ciudades, pueblos y rincones que tuve el placer de conocer. Suspiraría por aquellos encuentros fortuitos que alimentaron mi imaginación, por la magia de las coincidencias y la embriagadora música que despertó mis sentidos.
Si hoy fuera mi ultimo día, quisiera ver cual película, lo intensa que ha sido mi vida por la cual me siento tan agradecida.

Por mas veces que lo lea, siempre siempre… adiviná qué? Sí, mariconeo!
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Me colma el alma que llegue a vos este escrito.
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