Pensaba en las emociones que trajo la vida durante este año. Un año que de por sí pasó rápido pero no desapercibido. La vida no pasó desapercibida. En ese pasar, la palabra “habitar”, se deslizó mas de una vez por mi mente.
Habité la incomodidad de mi cuerpo, de nostalgias, de emociones recurrentes. Las habité aún sintiéndome completamente inhabitable. Las habité de manera incómoda, triste, enojada.
Habité lugares comunes en situaciones que pensé que no iba a volver a pasar. Habité incluso una ciudad con la que habíamos acordado no habitarnos.
Entonces, pensé, que no había contratos ni exigencias que me impidieran dejar de habitar todo esto. Que podía tornar pasajera cualquier cosa que dependiera de mí y que en la incomodidad de habitar situaciones no deseadas, estaba conectando con algo que podía dejar ir.
