Te sorprendería ver la cantidad de cosas que hice desde que te fuiste. No te das una idea lo mucho que me costó reconocer que SÍ hice. En un pasado me hubiera mirado con tus ojos y enumerado la cantidad que NO hice. Pero perdoné tu exigencia y corté la cuerda que aún colgaba de mi cuello. No fue fácil. No fue fácil tampoco reconocer que más de una vez fuiste mi chivo expiatorio. Supongo que era menos tortuoso decir que era algo que traía y no algo que me había sido fácil aprender y mantener.
Estoy feliz. Satisfecha. Plena. Me aguanto los vaivenes de humor y desde que saqué la licencia de conducir me siento capaz de cualquier cosa que me proponga. Una amiga escribió: “Todo un símbolo conducir”; y sí, dejé tantos años que vos llevaras todo adelante, que condujeras tu vida, la mía. Cada vez que intenté alejarme para vivir como deseaba, algo pasaba que me hacia volver. Lo voy a a dejar acá. No hace falta que recordemos como te pedí que me dejaras ir a Irlanda sin tener miedo a que murieras.
Me gusta saber cómo responderías a todo esto que te cuento. Había una forma de hablarnos y decirnos las cosas que creo nadie conoce. Me llena el alma eso, me hace recordarte con respeto y amor, pero sobre todo, con el perdón necesario para seguir adelante con más fuerza que nunca.
