En los últimos días esta frase, que encierra una gran verdad, ha estado haciendo eco en mi mente esperando que despierte.
No importa cuántas veces posponga el despertador. El tiempo va a seguir pasando y van a morir encerradas oportunidades que creí tener en mi mano, mientras que a mis espaldas o lejos de mis ojos cansados se levantarán nuevas. Haga o no haga con ellas historias que valgan la pena contar, el tiempo se llevará esas horas que el universo, Dios o el destino me hubieran regalado el día que nací.
No, no me angustia saber que ya no cuento con el mismo tiempo. Al contrario, me crea una sensación de voracidad, una necesidad de escucha a mi alma y de dedicada atención al urgido pedido de que despierte y retome el camino de mis propios sueños una vez más. Porque hay tiempos que pasan y otros, que merecen sean eternos.
