La pausa, un duelo y volver a empezar

Pensé que después de la muerte de mi padre no iba a parar de escribir. Pero las fantasias son solo eso.

Pasé meses preparándome para su muerte (aunque nada te prepara realmente). Había elegido detener todo lo que amaba: mi vida en Irlanda, mis sueños, mis metas para acompañar lo que sabía era inevitable. Pocas personas saben realmente las veces que dejé mi felicidad a un lado para acompañarlo y no me arrepiento ni un segundo de ello, después de todo, fue mi elección, aunque muchas veces me haya costado amar la vida. Pero ¿Cómo salvas a alguien que estuvo años rodeado de gente de mie*da, realmente seres del mal, oscuros, sádicos, vampiros?. Algún día se que se va a saber la verdad sobre quienes le hicieron tanto daño y lo traicionaron hasta enfermarlo, matarlo en vida.

Cuando volví, no era el padre de siempre pero por momentos fue el padre que siempre quise. Jugamos como cuando era chica, escuchamos música, miramos películas y nos dijimos “te amo” a viva voz. Lo vi sonreír, darle besos a mi madre y comer papitas con la carita de placer más enorme del mundo.

La madrugada que murió me encontró viajando hacia él. Le pedí a la luna y a su madre que lo retuvieran un poco más, pero cuando pasé por la puerta de mi escuela de la infancia y “nos vi” supe que no llegaría. Le agradecí por todos los días que había pasado a buscarme, le dije que lo amaba y lo dejé ir. A los minutos mi madre me llamaría para decirme que había muerto. 

Viajamos ocho largas horas con mi primo y tía, dejando un pedacito de alma en cada kilómetro. Esa ruta, que él tanto había andado, nosotros la desandábamos para darle el último adiós.

Hace casi un mes que todo parece estar en pausa. Aún me pregunto si volverá. Siento que en realidad, nunca se irá y a menudo lo encuentro haciendo chistes y muecas desde el más allá.

Deja un comentario