Acomodarse y volver a empezar

Suelo pasar horas lamiendo mis heridas, sin levantar la vista más allá de lo que pasa. A veces pienso que necesito un collar isabelino para dejar que cicatricen y no poder mirar más que hacia adelante. Creo que haberme ido de Argentina fue un poco eso, pero ahora, hace cinco meses que estoy acá y me cuesta creer que una vez pude.

Quedarse en la queja es más fácil que construir una nueva vida. Lo sé porque lo intenté. Ahora quiero dar un paso más y culpo al cansancio en lugar de asumir que hay un poco de cobardía y otro poco de falta de autoestima.

Estoy cansada de hacer planes y no llevarlos a cabo. Algunos son tan fáciles. Ojalá me pique un bicho de productividad ¿Alguien sabe si se compran? Seguramente lucen como las hormigas o las termitas pero definitivamente no como los gorgojos. Los gorgojos no te hacen mal pero le quitan los nutrientes a los alimentos. Creo que estoy invadida por gorgojos.

Desde que llegué mi vida fue pasando entre mi casa y la de mis padres. Los casi 900 kilómetros que las separan son los mismos que me separan a mi de todo y casi todos. Mi padre llevaba una vida entre ambos lugares. Creo que para él fue posible porque tenían un buen sistema de contención y personas que aligeraban la distancia. Eso o fue siempre el ser humano más solitario del mundo y nunca lo dijo. Aunque le pregunte, no me lo diría. Creo que jamás hizo análisis profundos de sus actos. No lo creo, lo sé.

Hay momentos como este que el optimismo parece haberse borrado de mi existencia. Aprendí a sentirme bien con eso. Mi entorno siempre me dijo que tenía que estar bien, pensar bien, sentir bien, que todo pasaba. Hoy sé que es mas sano transitar, sentir realmente, acomodarse y volver a empezar.

Deja un comentario