Algunas cosas pueden esperar.
Me acostumbré a ponerle fecha a cada cosa que escribo. Es un hábito que retomé a modo de diario, aunque también tengo mi diario o registro.
Estoy intentando no irme de tema y enfocarme en las prioridades. En momentos en lo que todo es un constante cambio y debo tomar nuevas decisiones, centrarme en lo más urgente es un desafío.
Tengo un montón de títulos hermosos para escribir. Escribir sin parar, escribir para inspirar, escribir para crear.
Organizar mi regreso a Argentina tiene tanto de positivo como de negativo. Y no, no siempre hay que enfocarse solo en lo positivo. Hay que transitar las emociones. Dejemos de bloquear las emociones.
Una vez alguien me dijo “Siempre se vuelve, aunque sea de vacaciones”. Creo que en el fondo quería decirme mucho más pero me dejó que descubriera las cosas al azar.
Me sigue molestando que me digan “tranqui” y que me manden a estar bien. Me acuerdo que de chica esto era casi una obligación. Estar siempre bien ¿por qué? Levantate un día del ojete y mirá todo oscuro, vas a ver que al otro día lo bueno brilla más. Amo eso de Irlanda, hay días grises y cortos hasta que llega la primavera. Nunca vi días soleados tan hermosos como acá. Hay tanto cielo. Nunca pensé que iba a decir eso: ¡hay tanto cielo!
Ser feliz también es no estar siempre bien. Se trata de aceptar nuestras emociones.
Escribí el nacimiento de un personaje de mi novela en inglés, respetando mi voz literaria. Fue mi mayor logro, era uno de mis mayores objetivos. Esa noche lloré de orgullo. Me emociona cuando veo que soy capaz. Me cuesta mucho verme.
A veces me gustaría mirarme con el amor que me mira la gente que me quiere y me acepta, sin pedir más.
Extraño personas pero no cosas. Creo que no voy a darme cuenta hasta volver o quizás, esa sea la mayor prueba de que estoy, donde mi alma pide, desea y ama estar.
