La ventana

Poco después de sacar estas fotos me puse a pensar en el cuento “La ventana abierta” de Saki. En realidad, pensaba en todo lo que vino después. 

Recordaba a Vera, Frantom y el páramo. Recorría visualmente el cuento como si hubiera sido mío. Las luces y las sombras estaban ahí, las figuras cruzando el jardín; el problema era que para mí, la ventana era secreta, no abierta y me distraje un buen rato buscándola por esa casa que no había construido. Entonces, me detuve a mirar por la ventana y pensar cómo se transforman las memorias con el paso del tiempo, como algo que creemos poder sostener eternamente, se va metamorfoseando y cuando no, se desvanece.

Pensaba en todo lo que viví este último año  y como aquello de lo cual no llevé registro, ahora está perdido. Transformado de tal manera que podría resumirlo en una sola palabra: plenitud.

¿Fueron todos los momentos así? No, pero la emoción de sentir que estaba en el lugar que debía estar hizo que las dificultades se convirtieran en verdaderos aprendizajes y lejos de ser pesadas mochilas se transformaran en alas, que me sintiera capaz de lograr lo que me proponía, que me pudiera parar, de cualquier lado de la ventana y saberme protagonista de esta historia. 

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