Lo peligroso que son los click de más. Empecé el domingo bastante tarde pero con una necesidad tremenda de ordenar, sobre todo mis archivos en la compu. Tengo cientos de notas o incluso e-mails con links de páginas que me interesaron en un momento y que jamás volví a leer. Así que empecé a depurar, a quedarme con aquello que hoy me hace bien.
Venía muy bien hasta que fui tan profundo que llegué a lugares que ni sabía que seguían existiendo. Cosas que escribí y guardé hace más de diez años.
Ahí dejé todo. Algunos archivos los borré sin siquiera mirarlos pero ya la carpeta en sí me pesaba y dejé de tomarme el tiempo de revisar. Seguí con otra cosa, con algo que me hiciera bien. No siempre tenemos que andar mirando nuestro pasado ni evaluando cómo era, quiénes éramos.
Hace poco escuché a alguien decir que cuando nos hablan o reprochan sobre algo que hicimos en el pasado, nos provoca ansiedad, malestar, porque lo cierto es que no hay nada que podamos hacer sobre lo que pasó. Ya pasó, y si hoy somos diferentes a lo que alguna vez fuimos, si enmendamos el error cometido, entonces de nada sirve que nos recuerden cómo éramos, lo que hacíamos. Si no es bueno y cambiamos, este recuerdo nos frustra.
Hay partes de mí, de mi pasado, que prefiero olvidar. Partes en las que sé no fui una buena hija o hermana o amiga. Partes de mi vida de las que no estoy para nada orgullosa o feliz, que gritan lo poco que me amaba y me doy cuenta que el recuerdo, reencuentro o revisión con lo que fui o hice, de alguna manera me castiga, me frustra, porque siento que no importa cuánto haya mejorado (al menos desde mi perspectiva), cuánto haya crecido o cambiado, nunca será suficiente porque alguien, algo, me llevará nuevamente al pasado a reprocharme lo mal que hice, dije, etc. ¿Será que estas personas o cosas nos ponen a prueba a ver si realmente cambiamos?
