Date el lugar que durante años te negaste

Somos un constante descubrirnos, aun aquellos decididos de su camino. Y a veces se necesita coraje para desviarse cuando algo suena de manera tan intensa y reiterada que debe convertirse en destino.

Durante años escuché una voz mucho más fuerte que mi deseo. Esa voz me cargaba de una herencia que llegué a convencerme la quería. Y quizás en algún momento la quise, pero algo me empezó a incomodar y no tuve más remedio que observarme. 

Acá estaba yo, cerca de mis cuarenta, intentando reinventarme en base al deseo y a la puntillosa observación de mis elecciones. Y de repente, todas las respuestas y los miedos me invadieron.

Mis manos se encontraban al son de una canción, mis recuerdos posados en una carrera de periodismo y otra de peritaje y valuación de obras de arte. ¿Qué hacia yo queriendo convencerme de que era tan solo una administradora o una gerente de ventas en una empresa? ¿Qué estaba haciendo yo silenciando la necesidad de expresión que me había acompañado toda mi vida?

La falta de valor y una buena excusa fueron herramientas que había aprendido a usar de manera tan perfecta que creí jamás podría dejarlas.

Pero acá estoy, armando un nuevo camino, viviendo mi deseo, a veces aterrada, otras con una terrible vergüenza pero me atrevo, me atrevo porque quiero cambiar mi destino. 

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