Escribir nuestra historia

A menudo salgo de la oficina con el paso acelerado esperando llegar a casa con la rapidez que me urgía llegar horas más temprano. El ruido de mis tacos en las veredas casi vacías parecen retumbar en mi cabeza llamando la atención de que la cuidad ya no es la misma que solía ser. Algunas calles guardan un silencio desgarrador, la pena de una pandemia que fue devorando historias, cerrando capítulos de vida de una manera forzada, como si quien escribiera hubiera quedado falto de ideas o muerto antes de pronunciar un final. 

En el camino alucino tantas historias como pasos. El ruido que provocan mis zapatos se pierde y yo con ellos. Así, empiezo a ser parte de esta ciudad, de su gente, de lo que queda, y me doy cuenta que yo tampoco soy la misma.

Me he permitido soñar y buscar construir nuevos caminos como nunca antes y he dejado de querer tantos otros como jamás hubiera imaginado. He aprendido a aceptar actitudes y formas de ser de gran parte de mi entorno, pero así también he dejado de querer mucha gente. Aprendí a abrazar mi inestabilidad emocional, mi inconstancia en proyectos y aceptar, aceptarme, algo que me ha costado tanto como el encierro.

Vuelvo la mirada a la ciudad y suspiro profundo, me doy cuenta que como muchos, pero no todos, tengo la posibilidad de escribir mi final y me pregunto: ¿Estaremos conscientes de que podemos crear nuestra propia historia aún en este contexto tan hostil? 

Deja un comentario