El reencuentro inesperado con unas fotos me hizo sin querer viajar. Esta vez a un pasado oscuro que hubiera querido olvidar. Pero ahí estaba, había sido parte de mí y yo de él.
Era el año 2012. Había viajado a la casa de mis padres a festejar el cumpleaños de mi mamá y a ver a mi abuela quién tristemente se estaba dejando morir. Nunca podré explicar su decisión, tampoco entenderla pero jamás tuve el valor de pedirle que dejara de destruirse como lo hacía, quizás respetaba que estuviera cansada de vivir y es probable que supiera que ya había sido suficiente.
En el medio de este turbio presente y lejos de mi ciudad, conocí o reconocí a un hombre por quien aposté viajes y sueños.
Volviendo a mi rutina, la distancia que me separaba de querer vivir una nueva vida y acompañar una muerte, se hacía pesada y aún mas lejana de lo que era.
Sumado a este infortunio mi situación laboral era realmente caótica. Odiaba cada una de las horas que pasaba en ese lugar, sobre todo cuando quien era por ese entonces mi jefa, se acercaba a mi escritorio y comenzaba a jugar con uno o dos rosarios pasándolos lentamente de una mano a otra, exclamando palabras de comprensión y amor que lejos de un consuelo se convertían en una tortura. Había sido tan destructora de tantas cosas a lo largo de toda mi vida, por motivos que no voy a detallar, que nada de lo que dijera podía ser tomado de buena manera. Ese juego que llegó hasta sentirse morboso fue casi definitivo para saber que no quería volver jamás a querer saber de ella.
Ya había empezado junio y la tristeza era insostenible. Recuerdo haber llorado una noche entera, sin saber exactamente porqué y poco después escribir: “Que decir, tu alma ha abandonado al fin el cuerpo mortal que tanto daño te estaba haciendo”. Pero no fue la único que murió, también murió ese deseo de relación, al menos de la otra parte y poco después las ganas de continuar mi vida como estaba. Cinco meses después había dejado mi trabajo y me embarcaba a soñar una nueva vida, pero evidentemente no era mi momento porque de ahí y durante un año todo lo más oscuro sucedería. Nunca dejé de sorprenderme como fue que salí ilesa de aquel año, sin embargo a veces suelo olvidarlo y romperme por muchos menos pero de lo que sí estoy segura es de que siempre me podré volver a levantar.
