Si hubiera sido buena en matemáticas alguna vez, de seguro hubiera contado las horas y los días que separaban mi actual realidad de lo que hoy se había convertido en recuerdo. Hubiera podido calcular la distancia entre lo que hoy es un mero sueño y en algún momento será una promesa vivida. Pero nunca fui buena en eso. Fui buena para recordar fechas y tener la emoción tan protegida de cualquier cosa externa que podía traerla a mi presente de manera inmaculada. Fui buena para aprender a soltar cualquier juicio y necesidad de control y dejarme ser para vivir intensamente por un momento. Fui buena, de alguna manera, para vivir, entre lagrimas y risas, entre suspiros y enojos, la vida que se brindaba sin días ni horas para qué valiera la pena ser recordada.
