Transformar: el complejo arte de volver a formar algo.

Cuando uno despierta y se da cuenta que estuvo viviendo el sueño de otra persona durante años, décadas quizás, la sensación de ahogo es desesperante.

Así me desperté una mañana. Ahogada, sintiéndome frustrada, insuficiente. Pero ¿cómo era posible eso? Tenia un trabajo que dentro de todo me gustaba, una familia existente en este plano, buenos amigos, la posibilidad de viajar ¿A qué se debía esa enorme insatisfacción?  De a poco empecé a notar que había en todo esto cierta esclavitud. Que aquello que parecía disfrutar en realidad lo hacia para cumplir y que mi trabajo era seguir el sueño de mi padre, pero no el mío propio. Cuando uno sigue sueños ajenos, por más que quiera convencerse de hacerlos propio, existe una exigencia de ambas partes que supera cualquiera auto-impuesta. Jamás, por mucho que se desee, se puede compatibilizar la forma de soñar. La individualidad de cada uno, las historias de vida, las experiencias, nos transformaron en diferentes seres, gracias a Dios.

Y ahora, dejando los factores externos que nos llevaron adonde estamos, comienza la transformación que viene de la mano de la necesidad del cambio. Esta transformación suele generarnos más angustia que las propias experiencias de la vida, que muchas veces justificamos o entendemos son parte de la misma. Esta transformación trae el peso de elegir dejar atrás cosas, de desaprender aquello que no sirve y que tenemos arraigados a nuestras células, es, hacernos responsables del presente en perspectiva del futuro siendo conscientes de cada uno de nuestros pasos y elecciones hacia esa nueva forma más conectada con el propio deseo. De seguro a estar oruga le costará ser mariposa pero que bella será, será en plenitud de haber conectado y haber construido su propio sueño.

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