El más largo inicio

Anoche me sentía terriblemente mal. Como si algo en el camino hubiera golpeado mi cuerpo de manera desconsiderada. Sin embargo no paraba de escribir en mi cabeza. Por un lado me acordaba mucho de él, alguien que había conocido hacia casi un año. Posiblemente fuera uno de los hombres más hermosos con quien hubiera compartido una salida, un momento. Una serie de hechos que como muchos terminarían en la nada. Pero cuando uno quiere, cuando uno necesita, lo mucho o poco que el otro pueda brindar se convierte en todo. Así me pasaría con Lucas. De repente, después de tantas veces de haberme sentido rota, desconsiderada, completamente ignorada, aparecía él. Alto, morocho, con una sonrisa imposible de describir y la mirada mas expresiva que jamas hubiera visto. En el medio de la cita, sacó su celular y me dijo: «Vamos a ver los próximos concursos literarios para que te presentes». Mi necesidad se tiró al vacío, sonriendo, feliz, sintiéndose completamente satisfecha de haber existido y ahora finalmente colmada. Ese ser humano que hasta hacia una semana había sido un completo extraño de repente estaba frente a mí siendo la voz que quería escuchar. Al otro día empezaría mi primera novela. Siempre que digo: «mi primera» siento una especie de optimismo de que vendrán más después cuando lo cierto es que aún no puedo terminarla. Ayer, entre tantas vueltas que daba mi cabeza, me di cuenta que en este proceso que encuentro único, cuando lo uno a la necesidad de que guste, de que atrape, arruino su esencia y es por eso que simplemente espero, aguardo a que de a poco, entre mares de dudas, angustias, alegrías vaya siendo, como debe ser, como debería haber sido cada vez que alguien llegaba a mi vida, sin necesidad, sin querer, casi como por un acto de magia.

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