Nadie nos obliga a simplemente conformarnos. Me costó días y noches, durante años, entender que el problema no estaba en no ser amada, no provocar esa puta magia que hiciera me vieran y me quisieran, esa que provoca las ganas cotidianas de alguien. El problema estaba en que yo aceptaba algo que para mi no era suficiente. Una tibieza de emociones que solo se manifestaban a capricho del otro y nunca respondiendo a mi deseo. Recuerdo hace años que el entonces pasajero por mi vida solía regalarme noches llenas de encanto, un sexo extraordinario y una complicidad de risas, miradas y chistes que me hacían sentir sumamente completa. Cuando esto sucedia con una cierta frecuencia él desaparecia. Su explicación llegaba después de días e incluso semanas: “Lo que pasa es que vos queres una relación”. Me sentía culpable de haber manifestado mas atención de la que su alineación emocional lo permitía en ese momento, en lugar de decirme y decirle: no vuelvas, tu magnifico instante en mi vida no es suficiente. Porque lo cierto es eso, él me daba lo que quería y yo simplemente me conformaba.
