Cual niños, los adultos tenemos un cofre de sueños y deseos que añoramos ver manifestados en nuestras vidas. Sentimos la misma ansiedad de un niño de que llegue nuestro cumpleaños o navidad para encontrarnos con el objeto añorado, y escuchamos en ese proceso, reiteradas veces: ya va a llegar, cuando menos lo esperes va a llegar.
Es cierto que siempre llegará a nuestras vidas lo que deba llegar pero ¿cuál es la necesidad del deseo? Ser cumplido. Toda frase armada dicha, será solo una manifestación o necesidad de quien las dice, mas no de quien las recibe. Quien desea, vive y espera.
Desee tantas veces encontrar a mi compañero de vida!! Y cuando digo vida puedo referirme a meses o años, algunos, sin ser todos. La vida está formada de tantos instantes significativos que a veces la intensidad magnifica el tiempo de una manera increíble.
Y mientras deseaba llegara me encontraba en la frustración de ver pasar hombres por mi vida. Jamás descartaba las posibilidades de que ese fuera y terminaba en los lugares comunes, en esa sala de espera solitaria y fría. Acompañada de esta sensación de desesperanza llegaba la odiada frase: Ya va a llegar. Y definitivamente algo llegó.
La calma sólo se encuentra antes o después de la tormenta. Y yo sentía que había remado tantas tormentas como hubiera podido resistir.
Y me senté a observar. Sin dolor ni rencor reconocí mis errores y desaciertos. Perdoné en silencio, suspiré, agradecí. Había sobrevivido cualquier experiencia imaginada. Mi ego había sobrevivido, mi esencia, mis sentimientos, sin embargo el deseo había desaparecido.
No es difícil entender que un deseo se pierda en el camino. A veces la energía puesta en que algo suceda nos hace perder tanto amor propio que llegamos a sentirnos ahogados. Pero en esa calma pude ver que era tiempo de esperar. No esperar por algo o por alguien que llegara, si no esperar a que yo realmente sanara.
