Mirar (nos)

Hace un año atrás terminaba de estar en obra en mi casa y recuerdo que como tantas cosas en mi vida, en mi cabeza existía una idea muy diferente de como luciría y disfrutaría de mi hogar. Para no entrar en todos los detalles que estaban mal, empecé a adoptar el dejar fluir. Claro que al principio lo detestaba, era como resignarme y dejar todo en manos del destino y eso me llevaba a la terrible frustración de no estar haciendo nada. Luego me sentí cómoda sin hacer nada y cuando las cosas pasaron de no estar como deseaba a estar rotas me di cuenta que me estaba estancando y mientras todo al principio parecía ser por mi casa, paso a paso iba descubriendo que no era así.

De un momento a otro la magnitud era diferente. Y lo que parecía ser externo se volvía interno. Sí, de repente era todo una enorme pelota, una bomba a punto de explotar. Y acá no hubo frase de moda, palabra de cabecera, ni soltar, ni fluir, ni dejar ser ni nada que ayude sin haberme antes detenido, en la terrible instancia, de encontrarme en el limbo y sincerarme conmigo misma. 

Esta instancia, tantas veces ignorada, de enfrentarnos a la realidad y sin importar ni reclamarse como se llegó a ese lugar, se convierte a menudo en un punto decisivo de lo que vendrá. Ninguna practica a la que nos guste aferrarnos, por mas sana y reveladora sea, por más prometedora que parezca, va a servirnos si no nos detenemos a mirarnos. Porque si por algún motivo el reflejo de mirarnos es negativo o incómodo, entonces deberemos activar hacia el cambio ¿Otra vez? Sí, otra vez. Pudiste una, podes dos, tres, cuatro, aunque nos aterre la idea de que debamos, como todo, volver a invertir y arriesgar. Así que sin reclamos y con mucho perdón, y ahora sí! soltando la bronca y la vagancia que solo hacen que el orto se apoye en un sillón víctima de las excusas, empezar a fluir rumbo hacia otro capítulo. (Allá voy, amo cuando inicia un nuevo mes)

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