En cada partida no deseada se encontró un nuevo presente inesperado.
Poco a poco los desolados cierres se encontraban aturdidos de nuevas oportunidades. Parecía imposible que tanto pudiera dibujarse en el desconsuelo de una herida. Sin embargo, con el pasar de los días el inevitable color empezaba a formar parte.
Toda la naturaleza era color, la vida lo era, y en el suspiro que emitía, por la pura necesidad de vivir, se iba transformando cada día.
Todo lo oscuro que dejaba ir se convertía en luz y la luz en color. Cuando notó la fuerza con la que podía brillar supo que había mucho más que dejar atrás. Parecía que una magia desconocida hubiera irrumpido en su vida pero no era más que la recompensa de sanar viejas heridas.
