Durante muchos años me pregunté ¿Por qué tengo que vivir esto? ¿Por qué tengo que cruzarme siempre con el mismo estilo de hombre? ¿por qué tengo que tolerar una persona agresiva, mentirosa e incapaz de hacer el bien? ¿Por qué tengo que callar ante determinadas personas y situaciones? ¿por qué tengo que pasar por esta enfermedad o impedimento? ¿Por qué tengo que tolerar lo que rechazo por naturaleza? Y así, infinitas preguntas. Una mañana, escuchando a alguien más, sentí que el porqué era una especie de absurda pregunta que lejos de tener respuesta me ponía de alguna manera en un lugar de víctima del cual no iba a salir hasta que la vida, por sí sola, cambiara de rumbo. Era un terrible lugar, cómodo, fácil, sin aprendizaje, intolerable en todo sentido, deprimente y cíclico. Así que desde ese día comencé a decirme a mi misma: «Porqué sí!, porque así debe ser! Y debe ser así para…» y de alguna manera empecé a buscar los «para qué» y descubrí que cuando la vida, sin permiso, «me mete el dedo en el orto» recordar los «para qué» me hacen sentir que aún sigo viva, creciendo, creando, luchando, siendo. Y en este ser, como adoro compartir y quizás esto se cruce hoy con alguien que se encuentre un poco desconsolado como me siento en este momento yo, les tiro algunos de los tantos «para qué» descubiertos. Las cosas van pasando para conocerse, perderse, encontrarse y volverse a perder; para hacerse mas fuerte; para mirarte y decir: «pasé peores así que vamos para adelante otra vez», para saber que la vida es así, sin mucha magia pero con cientos de horas para vivir y revertir cada situación; para crear nuevos o mejorados escenarios; para darte cuenta que tenes mucho más de lo que crees y de lo que muchos tienen; para aferrarte al cariño de los amigos, de la familia; para demostrarte que morís y renacés una y otra vez y que podes ser alguien completamente diferente si lo querés y realmente lo trabajás; para enamorarte de tu vida, de vos; para aceptarte como sos; para que cuando llegue ese abrazo que tanta falta te hizo lo sientas en cada célula de tu ser y te acompañe en la felicidad de estar entero y no hecho pedazos; para saber que pudiste vencer y vencerte; para destruir toda artimaña y demonio real o inventado que encuentres en tu camino; para apreciar la luz cuando te aceche la oscuridad; para reír, llorar, putear cuando la emoción te desborde y reconocerte más humano y sentimental; para saber que mientras nada o todo parece estar pasando, vos estás echando grandes raíces en silencio aferrándote a esta vida que es tuya, toda tuya y que no importan las tormentas que vengan porque vas a seguir eligiendo vivir, firme, para vos y para todo lo que lo que sigue.
