Maldita culpa que todo lo agrandas! Voy a empezar diciendo que viví llenándome de culpas y sobre todo ajenas. Lo voy a decir en pasado sólo para empezar a decretar que a partir del día de hoy dejaré de hacerlo.
La culpa debe ser una de las emociones mas espantosas que pueden existir. No solo porque es producto de una cabeza llena de sensaciones de inseguridad si no que pueden ser tan profundas que te terminan llevando a un estado de melancolía y victimización del cual es muy difícil salir.
Desde muy pequeña cargué con este sentimiento y hasta ridícula obsesión de que si algo de mi entorno más próximo no se mantenía feliz y unido definitivamente era algo que yo tenia que resolver porque seguro algo de mí había provocado que se desvaneciera la aparente armonía y se perdiera el rumbo.
Cuando logré desprenderme de esa sensación dentro de mi círculo de amigos y familia, automáticamente lo trasladé a mis potenciales parejas. Entonces, si no funcionaba una relación, era mi culpa. Seguro algo había dicho o hecho que había provocado el distanciamiento de ese ser humano.
Hace unos días revisando, como siempre, qué situación me había sacado de carrera me encontré con que obviamente jamás había clasificado. Y acá es difícil decirle a tu ego, a tus ganas, a tu amor propio: Hey! Simplemente no te quiere!! Pero es la única verdad. Siempre vamos a poder entrar en minúsculos detalles de que determinados gestos, palabras, situaciones pueden haber demostrado una miga de cariño ¿pero es eso lo que queremos? No, queremos todo completo, full pack. Entonces, si esa migaja de cariño no es suficiente, la única culpa que tenés es la de no haberte retirado cuando lo que te ofrecían no eran mas que sobras. Cuando te miraste y te dijiste: «quiero y merezco algo más» pero te mantuviste inmóvil aceptando las reglas de un juego de otro porque te faltaban ovarios para decir ni mierda quiero un segundo lugar. Cuando decidiste permanecer donde nunca te sentiste bienvenida. Cuando callaste por miedo a perder algo que sabias ni siquiera tenías. Esas son las culpas de las que hay que hacerse cargo y evitar vuelvan a ser parte de tu vida, porque son las situaciones, decisiones escasas de amor propio que te llevaron a no oírte, a no cuidarte, a despedazarte al lado de alguien que ni siquiera veía lo increíble que eras, lo que eras capaz de dar. Así que adiós culpa porque el amor es más fuerte.
