En silencio

Después de meses de ruidos, polvo, pedidos y quejas me encuentro en mi casa en verdadero silencio.

Es curioso como éste silencio, ésta calma, no me provoca miedo si nace de mí y sin embargo cuando viene de una persona me aterra.

Este es quizás el monstruo más grande y viejo que cargo y con el que deberé reconciliarme pronto.

En silencio contemplé los más bellos paisajes. Me llené de ilusiones y suspiros. En silencio rogué, pedí, soñé. En silencio me conecté con mis deseos y descubrí lo que mis sentidos sentían en cada situación.

En silencio me llené de amor y también de odio. En silencio lloré y sentí la plenitud de un día común.

Sin embargo, en silencio también fui dejada. Sentí el abandono físico de todo aquel que no pudo ni quiso amarme. En silencio tuve que aguardar que mi mente asumiera la cobardía de quién no supo pronunciar un adiós. En silencio tuve que armarme de todo el desarme que quedaba cuando alguien, que hacía ruido constante, decidía irse de mi lado. En silencio tuve que asumir que las amargas esperas no eran más que tristes despedidas.

En silencio, las emociones pueden hacer tanto ruido, que de bellas, pueden sonar escalofriantes.

Deja un comentario