Historias

Quizás las historias que no fueron, esos intentos de amor, venían con desencantos desde el titulo pero mi optimismo optaba por hojear de todas formas creyendo que quizás prejuzgaba con rapidez. Las desilusiones fueron grandes hasta que opté por convertirme en una fiel creyente de que toda persona que llega a nuestras vidas nos enseña algo y que no siempre ese aprendizaje es necesariamente placentero. Lloré más de 20 años por esto. Por crédula y por pelotuda muchas veces, ojo, no me libero de culpa en esto y quizás la mayor, fue la necesidad de sentirme amada. La necesidad emocional te hace esclava de situaciones, momentos, circunstancias que cuando logras verlo, encontrarte a vos misma revuelta en ese caos te provoca náuseas ver lo que te estás haciendo.

Pero así como por falta de amor propio me dejé alguna vez golpear, basurear, putear, plantar, colgar, boludear, histeriquear alguna vez dije basta. Y en ese basta lo más importante fue rescatar, resguardar, lo que quedaba de amor propio y una vez fortalecida permitirme decir: Que pase el que sigue. Ese siguiente nada tiene que ver con quién se marchó o quién no supo amar, ni siquiera valorar. Ese siguiente tiene que ver con una nueva historia que aún habiendo leído otras, merece ser descubierta para aprender un poco más de uno mismo. Créanme, el que sigue, ese siguiente, puede ser un hermoso maestro, más allá de que quizás jamás llegue a amarte puede enseñarte desde la simpleza y hasta desde su total ignorancia, a que se despierte tu interior y brilles, brilles como jamás hubieras imaginado.

Deja un comentario