Venia de días y días de tropiezos entre pensamientos y emociones. Al llegar a casa me puse a ordenar. Bendito orden en la extensión material de mi ser.
Cada cosa en su lugar, tazas de amistad, remeras de salud, platos de dulzura y entre tanta cosa colgué mis abrigos de amor, colgué mis camisas de locura, colgué y seguí colgando en cada rincón a veces hasta olvidándome por dónde había empezado.
Nada dejé de amar, ni desear, solo ubiqué sus cosas en su lugar esperando darles una nueva bienvenida en mi hogar.
Y a veces en la vida hacemos eso, aún con quienes queremos, sin querer o queriendo re-ubicamos las cosas, las personas, las emociones solo quizás porque necesitamos muy en el fondo de un nuevo orden, una nueva mirada y porqué no un nuevo comienzo.
