Sin mariposas

Mientras que de niños muchos tenían amigos invisibles, yo jugaba a tener esposo. Sí, hasta que no apareció Christopher Reeve y más adelante David Bowie, mis maridos fueron invisibles, más que ellos en mi realidad.

No era ninguna pelotuda, eso lo adquirí con el paso del tiempo, cuando ingresé a jardín y al volver a casa lo primero que comenté fue del nene lindo que formaba parte del grupo, algo que siempre se repitió en cuanto lugar diferente pisé.

Sin embargo, por mucha añoranza que tuviera en formar una pareja y reemplazar a Superman por un hombre común y corriente, las famosas mariposas en el estómago de los que muchos hablan solo las sentí una o dos veces en mi vida.

Y sí, es cierto que a medida que vamos creciendo la forma de ver las cosas va cambiando y la forma que sentimos también pero por mucha vuelta que quiera darle debo asumir que tuve más el entusiasmo de una pareja y no tanto el de una persona en particular.

Cuando la necesidad y la ilusión se juntan no pueden mas que hacer desastre. Ves belleza donde no la hay, ves bondad, amor, pasión, ves hasta unicornios y paisajes sorprendentes pero esto dura muy poco. Por suerte dura poco aunque nunca es demasiado fácil de asumir.

Hoy desprendida de la necesidad de tener pareja me encuentro con el gran enigma ¿Qué significa enamorarse de alguien?

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