Uno de mis tantos sueños de pequeña era que antes de mis 25 años iba a estar casada y con hijos. Durante mucho tiempo lo deseé así y la sociedad un poco llevaba a esa expectativa. Hay una generación enorme de esclavos del tiempo y de los manuales de procedimiento que no pueden si no preguntar en qué escalón de lo que «debe ser» estás. Rompé patrones carajo!
Sin ser un acto de rebeldía consciente, mi vida, como la de muchos, no fue como la soñaba de chica. Poco a poco todo iba sucediendo de una manera tan diferente que no podía hacer otra cosa más que aferrarme al presente y vivir desde ahí otras experiencias que a lo mejor jamás hubiera imaginado.
Luego de un breve paso por la universidad y un viaje de tres meses volví a la ciudad para ser empleada en la empresa de mi padre. El pensamiento dominante puede ser: Qué suerte la tuya! Pero ha sido uno de los más grandes desafíos a los que me he tenido que enfrentar. Verán, cambiar los sueños propios, dejarlos de lado y hasta destruirlos puede ser frustrante, pero mantener los ajenos es agobiante, amén de todos los factores y constantes retos que trae el paso de mando. Intenten tomar algo que otro no está dispuesto a soltar, es casi imposible.
Pero no fue el único factor que me alejó de mis sueños. Después de todo es un poco el mío también el continuar con su legado. Fue la suma de vivencias, fracasos, desilusiones, triunfos que me condujeron a una realidad diferente a la que «mi niña» añoraba.
Si pudiera iría a contarle a mi niña, que estaremos bien, que no importa lo que suceda, no importa cuántos sueños dejemos en el camino; siempre, pero siempre, estaremos bien. Y como quizás no pueda, me lo digo ahora y se los digo a ustedes: Mientras continuemos, estaremos bien.
